PREECLAMPSIA Y ECLAMPSIA

La preeclampsia se caracteriza por presión arterial elevada (hipertensión) acompañada de la eliminación de proteínas por la orina (proteinuria) o de retención de líquidos (edema) que se desarrolla entre la semana 20.ª del embarazo y el final de la primera semana después del parto. La eclampsia es una forma de preeclampsia más grave que provoca convulsiones o coma.

La preeclampsia se produce en un 5 por ciento de las mujeres embarazadas. Es más frecuente en los primeros embarazos y en las mujeres que ya tienen la presión arterial elevada o sufren un trastorno en los vasos sanguíneos. La eclampsia se desarrolla en 1 de cada 200 mujeres que tienen preeclampsia y, por lo general, es mortal, a menos que sea tratada con rapidez. No obstante, se desconocen las causas de la preeclampsia y la eclampsia. El riesgo más importante de la preeclampsia es el desprendimiento prematuro de la placenta de la pared uterina.

En la preeclampsia, la presión arterial es superior a 140/90 mm Hg, aparece edema en la cara o las manos y se detectan valores anormalmente altos de proteínas en la orina. Una mujer cuya presión arterial aumenta notablemente pero permanece por debajo de los 140/90 mm Hg durante el embarazo, también se considera que tiene preeclampsia.

Los recién nacidos de mujeres preeclámpsicas tienen de cuatro a cinco veces más probabilidades de tener problemas poco después del parto que los de mujeres que no presentan esta enfermedad. Los recién nacidos pueden ser pequeños porque la placenta funciona mal o porque son prematuros.

Tratamiento

A diferencia de la presión arterial elevada (hipertensión), la preeclampsia y la eclampsia no responden a los diuréticos (fármacos que eliminan el exceso de líquido) ni a las dietas de bajo contenido en sal. A la mujer se le indica que consuma una cantidad normal de sal y que beba más agua; el reposo en cama es importante. Por lo general, también se le indica que se tumbe sobre el lado izquierdo, puesto que así se ejerce menos presión sobre la gran vena del abdomen (vena cava inferior), que devuelve la sangre al corazón, y mejora el flujo sanguíneo. En ciertos casos, se puede administrar sulfato de magnesio por vía intravenosa para hacer descender la presión arterial y evitar las convulsiones.

En caso de preeclampsia leve, el reposo en cama puede ser suficiente, pero la mujer debería visitar a su médico cada 2 días. Si no mejora con rapidez, debe ser hospitalizada y, si el problema continúa, se provoca el parto lo antes posible.

Una mujer que presenta preeclampsia grave debe ser hospitalizada y permanecer en cama. El hecho de administrar líquidos y sulfato de magnesio por vía intravenosa con frecuencia alivia los síntomas. En 4 a 6 horas, la presión arterial suele bajar hasta alcanzar valores normales y se puede proceder al parto sin correr ningún riesgo. Si la presión arterial sigue alta, se administran más fármacos antes de intentar provocar el parto.

Una importante complicación de la preeclampsia y la eclampsia graves es el síndrome de HELLP, que consiste en lo siguiente:

- Hemólisis (destrucción de glóbulos rojos)

- Elevación de las enzimas hepáticas (liver), que indican lesión hepática.

- Bajo (low, en inglés) recuento de plaquetas, lo que indica una deficiente capacidad de coagulación de la sangre (un problema potencialmente grave durante y después del parto).

El síndrome HELLP es más probable que aparezca cuando se retrasa la instauración del tratamiento de la preeclampsia. Si aparece el síndrome, se debe llevar a cabo una cesárea, el método más rápido disponible, a menos que el cuello uterino esté lo bastante dilatado como para permitir un rápido nacimiento por la vagina.

Después del alumbramiento, se controla a la mujer exhaustivamente para detectar signos de eclampsia. Una cuarta parte de los casos de eclampsia tiene lugar después del parto, en general en los primeros 2 a 4 días. A medida que el estado de la mujer mejora de forma gradual, se la anima a caminar un poco; así mismo, se le puede administrar un sedante suave para controlar la presión arterial. La hospitalización puede durar entre unos pocos días a algunas semanas, según la gravedad de la enfermedad y sus complicaciones. Incluso, tras haber sido dada de alta, es posible que la mujer tenga que tomar fármacos para reducir la presión arterial. Por lo general, debe acudir al médico al menos cada 2 semanas durante los primeros meses después del parto. Su presión arterial todavía puede permanecer elevada entre 6 y 8 semanas, pero si persiste alta durante más tiempo, quizá su causa se deba a otro trastorno y no a la preeclampsia.

 

 

 

 

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