INCOMPATIBILIDAD DE Rh

La incompatibilidad de Rh es la incompatibilidad del grupo Rh entre la sangre de la madre y de su feto.

Como resultado de esta anomalía, la mujer puede producir anticuerpos contra los glóbulos rojos (eritrocitos) del feto. Estos anticuerpos ocasionan la destrucción de un número más o menos importante de estas células, produciendo en ocasiones la denominada enfermedad hemolítica del recién nacido, una variedad de anemia.

El grupo sanguíneo de una persona es un conjunto de moléculas localizadas sobre la superficie de los eritrocitos que los identifican como específicos de cada individuo. El grupo sanguíneo Rh incluye algunas de estas moléculas. Una de ellas, la Rh0 (D), suele causar los problemas de incompatibilidad de Rh. Si los hematíes tienen moléculas Rh0 (D), la sangre es Rh-positivo; si no las tienen, la sangre es Rh-negativo.

Los problemas aparecen cuando la madre es Rh-negativo y el feto tiene sangre Rh-positivo que ha heredado de un padre Rh-positivo. Parte de la sangre fetal puede entrar en contacto con la sangre materna a través de la placenta, sobre todo en los últimos días de embarazo y durante el parto. Si ello sucede, el organismo de la madre puede tratar los glóbulos rojos del feto como elementos extraños y producir anticuerpos para destruirlos (anticuerpos anti-Rh). Los valores de estos anticuerpos de la madre se elevan a lo largo de todo el embarazo y pueden atravesar la placenta y llegar al feto, donde pueden destruir parte de sus eritrocitos. Como resultado, puede desarrollarse la enfermedad hemolítica en el feto (eritroblastosis fetal) o en el recién nacido (eritroblastosis neonatal). No obstante, durante un primer embarazo, rara vez surgen estos problemas porque, por lo general, no se produce un contacto significativo entre la sangre del feto y la de la madre hasta el momento del parto. Sin embargo, en cada embarazo subsiguiente, la madre se sensibiliza cada vez más frente a la sangre Rh-positivo y produce anticuerpos cada vez con mayor antelación.

La destrucción de los glóbulos rojos del feto puede ocasionar anemia e incrementar los valores de bilirrubina en la sangre (un producto de desecho proveniente de la destrucción de los eritrocitos); si los valores de la bilirrubina son demasiado altos, puede lesionarse el cerebro del feto.

Entre las personas de raza blanca de ciertos países occidentales, el 85 por ciento es Rh-positivo y en alrededor del 13 por ciento de los matrimonios, el varón es Rh-positivo y la mujer Rh-negativo. En estos casos, 1 recién nacido de cada 27 desarrolla la enfermedad hemolítica.

Prevención y tratamiento

En su primera visita al médico durante un embarazo, éste hace una revisión a la mujer para determinar su tipo y grupo sanguíneo. Si es Rh-negativo, se determina el tipo de sangre del padre; si éste es Rh-positivo, se miden los valores de anticuerpos anti-Rh en la madre.

Durante el parto se puede producir un contacto entre la sangre materna y la fetal, lo que puede ocasionar que la madre produzca anticuerpos. Por este motivo, y a modo de precaución, se inyectan anticuerpos anti-Rh en la madre Rh-negativo, en la forma de globulina inmune Rh0(D), en las 72 horas posteriores al parto de un bebé que tiene sangre Rhpositiva, incluso después de un aborto espontáneo o provocado. Este tratamiento destruye cualquier célula fetal que pueda sensibilizar a la madre, gracias a lo cual los embarazos posteriores no suelen ser peligrosos. No obstante, en alrededor del 1 al 2 por ciento de los casos, la inyección no evita la sensibilización, presumiblemente porque la madre fue sensibilizada al principio del embarazo. Para evitar la sensibilización precoz de una madre cuya sangre es Rh-negativa, se aplica una inyección de anticuerpos anti-Rh a las 28 semanas de embarazo así como después del parto.

Si se realizan mediciones periódicas de los cambios en los valores de anticuerpos anti-Rh en la madre, el médico puede anticipar si el bebé va a tener problemas potenciales. Si los niveles de anticuerpos anti-Rh de la madre se elevan demasiado durante el embarazo, puede realizarse una amniocentesis. Para ello se inserta una aguja a través de la piel para obtener una muestra de líquido del saco amniótico, que rodea al feto dentro del útero. A continuación, se procede a medir los valores de bilirrubina en la muestra de este líquido y, si son demasiado altos, se administra al feto una transfusión intrauterina. Cada 10 a 14 días se realizan nuevas transfusiones adicionales hasta alrededor de las 32 a 34 semanas de embarazo, momento en el cual se suele provocar el parto. En general, después de nacer se efectúan una o más transfusiones al recién nacido, en casos menos graves, no se realizan transfusiones hasta después del alumbramiento.

 

 

 

 

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