ABRUPTIO PLACENTAE

La abruptio placentae es el desprendimiento prematuro de la pared uterina de una placenta en posición normal, que se produce durante el embarazo en lugar de después del parto.

La placenta puede desprenderse de forma incompleta (4 veces sólo del 10 al 20 por ciento), o completa. La causa es desconocida. El desprendimiento tiene lugar entre un 0,4 y un 3,5 por ciento de todos los partos. Las mujeres que tienen una presión arterial elevada, alguna enfermedad cardíaca, diabetes o una enfermedad reumatoide, así como las mujeres que consumen cocaína, tienen más probabilidades de desarrollar esta complicación.

Síntomas y diagnóstico

Se produce una hemorragia en el útero por el punto de inserción de la placenta. La sangre puede pasar a través del cuello uterino y salir por la vagina (hemorragia externa) o bien puede quedarse retenida detrás de la placenta (hemorragia oculta). Los síntomas dependen del grado de desprendimiento y de la cantidad de sangre que se pierda e incluyen hemorragia vaginal, dolor abdominal repentino, continuo o en forma de calambres y dolor al presionar el abdomen. El diagnóstico habitualmente se confirma con una ecografía.

El desprendimiento reduce el suministro de oxígeno y de nutrientes al feto e incluso puede causar su muerte. En cuanto a la madre, las complicaciones incluyen una hemorragia potencialmente grave, coagulación diseminada en el interior de los vasos sanguíneos (coagulación intravascular diseminada), insuficiencia renal y hemorragia en la pared del útero. Estas complicaciones son mucho más frecuentes en una gestante con preeclampsia y pueden indicar sufrimiento o muerte fetal.

Tratamiento

Una vez que se ha establecido el diagnóstico, la mujer debe ser hospitalizada. El tratamiento habitual es reposo en cama, a menos que la pérdida de sangre represente una amenaza para la vida, exista sufrimiento fetal o el embarazo esté próximo a finalizar. El reposo prolongado puede disminuir la hemorragia y si los síntomas se atenúan, se anima a la mujer a caminar un poco e incluso se le puede dar de alta. Por el contrario, si la hemorragia continúa o empeora lo mejor tanto para la madre como para el feto es acelerar el parto. Si el parto vaginal no es posible, se realiza una cesárea.

 

 

 

 

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